Miguel Suárez de Tangil Navarro, Director del Departamento de Química
Cuando recibí el correo electrónico del Vicerrector de Relaciones Internacionales y Comunicación de la universidad para que los Directores de Departamento opináramos, si así lo creíamos conveniente, sobre el Borrador del Anteproyecto de Ley de modificación de la LOU, estuve a punto de borrarlo y dejar que fueran otros quienes lo hicieran, por dos razones: primero, debido a un cierto desinterés con que muchos profesores universitarios observamos este proceso y segundo, porque me parecía que mi aportación al tema en cuestión no sería nada original a lo que ya se ha publicado y debatido.
Sin embargo, en ese instante me vino a la cabeza que, por lo trascendido hasta ahora, algunas cuestiones que me parecen importantes en el devenir de la universidad en la próxima década, no han tenido la relevancia pública que se merecen. Todo lo que he leído o escuchado, estaba referido a la convergencia europea, planes de estudios, movilidad de estudiantes, acceso de profesorado a la función pública o a la propia forma de elección del Rector. Aspectos sin duda vitales en una ley de estas características, pero a los que yo creo que no podría aportar algo novedoso.
Al final decidí sentarme delante del ordenador y escribir este artículo ciñéndome a dos temas que considero de gran interés y que creo que cada día adquieren una mayor relevancia en la interacción del mundo universitario y la sociedad. En un caso sería la necesidad de nuevas relaciones de la Universidad con el mundo de la empresa, basadas en otras premisas y objetivos que los que se han desarrollado hasta ahora. Y en otro, la idea generalizada de promover un campo de colaboración entre la institución universitaria y los países en desarrollo, fomentando una cooperación permanente y planificada que permita liderar algunos campos de actuación con el fin de ser otro factor que ayude a eliminar la pobreza y los desequilibrios sociales. Estos dos contextos, que deben estar relacionados, son, a mi entender, dos roles futuros que una universidad de prestigio debe acometer para reforzar su excelencia académica e investigadora y su compromiso con la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Estas cuestiones se hacen más notorias en la ULPGC por cual fue su forma de creación, su realidad insular, su situación geográfica y su vocación de servicio público.
En la propia exposición de motivos del Anteproyecto, que modifica la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades, se reconoce que la Universidad ocupa un papel central en el desarrollo cultural, económico y social de un país. Se reconoce también, que será necesario reforzar su capacidad de liderazgo y dotar a sus estructuras de la mayor flexibilidad para afrontar estrategias diferenciadas en el marco de un escenario vertebrado. Desde siempre una de las misiones claves de la Universidad ha sido liderar los procesos derivados de la investigación científica y del desarrollo tecnológico. Hoy en día, en este proceso de cambio continuo que provoca el auge de la sociedad de la información y el fenómeno de la globalización, la institución universitaria debe incrementar su compromiso para que las innovaciones científicas y técnicas se transfieran con la mayor rapidez y eficacia posible al conjunto de la sociedad y ésta la perciba como una institución que promueve su desarrollo y la mejora de la calidad de vida en todos los ámbitos.
El texto del anteproyecto parece dejar a las propias universidades, en función de su autonomía, para que concreten en sus propios estatutos el debate y la regulación de esta filosofía de actuación futura. Sin embargo, en una lectura pausada y detenida de los diferentes apartados del citado anteproyecto se recoge esa idea de forma permanente.
Si hasta ahora era necesaria la coordinación entre universidades, y el desarrollo de convenios con todo tipo de instituciones públicas y privadas, en este siglo XXI esa necesidad se convierte en actuación imprescindible si se quiere mantener el objetivo global de alcanzar la calidad en su concepto más amplio. Esta acción estratégica debe estar recogida con amplitud en todos aquellos procesos de evaluación a que sea sometida su actividad académica, investigadora, cultural y de servicios asistenciales; procesos evaluativos a su vez, que deben ser rigurosos y públicos.
Impulso a actividades internacionales
En el caso concreto de la ULPGC, el objetivo anterior debe ser un eje central en su actividad, tanto a nivel cotidiano, como en su programación plurianual. Es necesario un impulso de sus actividades a un entorno internacional y global a través de redes de universidades y convenios bilaterales de colaboración, con la aspiración de llegar a ser lugar de encuentro entre instituciones análogas de Europa, los países africanos próximos y Latinoamérica. En el desarrollo de estas actividades, la Universidad debe dar prioridad a aquellas cuestiones que afecten de manera general al presente y al futuro de Canarias, a la mejora global de la calidad de vida de sus gentes y a la consecución de un desarrollo sostenible para el archipiélago. Para ello, el concurso del sector empresarial se hace imprescindible porque es uno de los motores económicos esenciales de la mejora de la calidad de vida de la comunidad y porque le aporta a la propia universidad un valor de integración social añadido. Todo ello sin olvidar la importancia que supone contar con unos recursos humanos bien formados en la mejora del rendimiento de los procesos productivos.
La ULPGC no sólo debe mirar en este caso el entorno de la Comunidad Canaria, sino trasladar una gran parte de su actividad a la cooperación con los países en desarrollo. Por lo tanto la cooperación internacional, como respuesta a una necesidad evidente, es prioritaria hoy en día para cualquier organización y cobra especial relevancia en las universidades por su forma altruista de trabajar y sus objetivos institucionales. Existen factores de oportunidad que una institución debe aprovechar. Esos factores se están produciendo en este momento y se van a incrementar en los próximos años en el entorno geográfico donde la ULPGC presta sus servicios. Por ello, sería un error estratégico no consolidar esta filosofía, aprovechando esta nueva Ley, en la futura reforma de los Estatutos universitarios.
Hoy en día no se entiende la investigación si no es bajo el prisma de fomentar el conocimiento básico y aplicado en todos los campos del saber, para conseguir un desarrollo cultural, social, científico, tecnológico y económico que alcance niveles de competencia y correspondencia internacional, nacional y de la propia Comunidad de Canarias. La investigación debe servir además como método para avanzar con espíritu crítico en la resolución de los problemas sociales, culturales y económicos que la sociedad demande. Por todo ello, los procesos de innovación y desarrollo transferidos de forma eficaz al mundo de la empresa generarían una colaboración imprescindible para elaborar programas de trabajo y cooperación a países en vía de desarrollo. La mentalización que esa filosofía puede imprimir al sector empresarial, haría posible cumplir objetivos largamente demandados por los propios ciudadanos en su concepto de ética de vida.
Además, todas estas acciones obligarían a la universidad a ser el epicentro de debates, contrastes de opiniones y críticas sobre todo aquello que la sociedad le preocupe, fomentando la participación ciudadana y acercando físicamente ese conjunto de actividades a los diferentes núcleos de interés. Por tanto, la unión universidad-empresa se hace más relevante que la diseñada hasta este momento, que está simplemente basada en el asesoramiento y resolución de problemas puntuales. Ese nuevo concepto de acudir conjuntamente a la cooperación internacional no sólo será una cuestión de necesidad productiva y de ubicación de recursos humanos, sino que sé valorará por la sociedad como una nueva vía hacia la solidaridad y el desarrollo integral, en suma, un camino a la utopía de la excelencia.