Manuel Lobo Cabrera Rector de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
El famoso escritor francés Víctor Hugo realizó una célebre profecía: "En el siglo XX existirá una nación extraordinaria. Será grande, lo que no impedirá que sea libre. Constituirá un ejemplo para el mundo. Será culta, pacífica y amistosa con el resto de la Humanidad. Se llamará Europa". Este proceso tendrá su punto álgido con la entrada en vigor de la Constitución Europea, que tiene que ser ahora refrendada o ratificada por los diferentes países.
La integración europea es ahora principalmente un mercado, una moneda, donde la construcción política avanza muy despacio. Las recientes elecciones al Parlamento Europeo y la elevada abstención que normalmente registran podrían evidenciar cierta carencia de entusiasmo entre los ciudadanos hacia el denominado proyecto europeo.
Considero que este escaso entusiasmo puede ser paliado con un mayor conocimiento del tema. Y en este campo la Universidad debe tener una voz cualificada y reflexiva. Así pues, como Rector de la ULPGC, me propongo contribuir a ofrecer una serie de reflexiones que ayuden a conocer el proceso que estamos viviendo.
El camino hacia la Constitución Europea ha sido un viaje largo. Desde el Tratado de Roma de 1957 hasta la firma de la Constitución en Roma el pasado 29 de octubre, el referendum supondrá la culminación de un edificio que se ha ido construyendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
La Constitución europea pretende responder a los desafíos planteados por una Europa ampliada a 25 estados miembros que reúnen 450 millones de habitantes. Sustituye y refunde en un texto único los principales Tratados Europeos existentes.
Los juristas especialistas en Derecho Constitucional o en Derecho de la Unión Europea señalan que el documento es un híbrido: su contenido y terminología son en buena medida los de una Constitución, pero su forma, elaboración, ratificación y futura reforma de sus artículos básicos son las propias de un Tratado. Gran parte del contenido de esta Carta Magna Europea ya está en vigor, por ejemplo para España, en el actual Tratado de la Unión Europea.
Sí se incorpora por primera vez, con carácter vinculante, una Carta de Derechos Fundamentales; se refuerza el Tribunal de Justicia con una política común que incluye el reconocimiento mutuo de sentencias; se crean dos órganos novedosos: el Presidente del Consejo Europeo y el Ministro de Asuntos Exteriores; se introduce el derecho de iniciativa popular avalada por la solicitud de un millón de ciudadanos europeos; se prevé un procedimiento para que un país pueda abandonar la Unión; etc.
La Constitución Europea supone la garantía de determinados valores comunes y de un modelo europeo de sociedad. Se crea la nacionalidad europea, la ciudadanía de la Unión que permite, por ejemplo, circular y residir libremente en todo el territorio de la Unión, obtener protección consular y diplomática en terceros países, o recurrir al Defensor del Pueblo Europeo.
La Constitución Europea reconoce a Canarias como región ultraperiférica, aceptando una situación que está agravada por la lejanía, insularidad, reducida superficie, y dependencia económica. Por tanto, contaremos con diferenciación aduanera y comercial, política fiscal, zonas francas, políticas agrícolas y pesqueras, ayudas públicas, y condiciones de acceso a los fondos con finalidad estructural y a los programas horizontales de la Unión.
Por otro lado, la UE ha simplificado los instrumentos financieros de apoyo a su política exterior, agrupándolos en tres: el Instrumento de Pre-adhesión, el Instrumento Europeo de Vecindad y Partenariado y el Instrumento de Cooperación al Desarrollo y Cooperación Económica. Estos dos últimos son particularmente relevantes a efectos de la acción exterior de Canarias.
Por primera vez se admite la existencia de un criterio distinto del de renta para justificar la intervención de los fondos estructurales. Este fondo está destinado a reducir los costes adicionales que sufren estas regiones.
Todas estas medidas incrementarán la competitividad de la economía canaria, pero no hay que olvidar que esta competitividad pasa igualmente por invertir en capital humano, en formación, para garantizar la disponibilidad de una mano de obra cualificada.
No me cabe duda de que la entrada en vigor de la Constitución Europea será descrita por futuros estudiosos como uno de los hechos relevantes de la Historia. Una propuesta que, según el economista Jean Monet, "establecerá los cimientos concretos de una federación europea indispensable para el mantenimiento de la paz".