Elisa Torres Santana, Catedrática de Historia Moderna de la ULPGC
Procedo de una generación , la de los 70, de plena convulsión y oposición a la dictadura franquista, que agonizaba y finiquitaba por el año en que yo acababa mi licenciatura, 1975. en esa época los demócratas rechazábamos al Juan Carlos, tal le llamábamos, cuando no cosas peores, porque le asociábamos al dictador. Pertenezco asimismo a una familia, la materna, de hondas raíces republicanas, pues mi abuelo junto con José Franchy Roca fundó el Partido Republicano Federal. Vaya todo ello por delante para que los lectores puedan aquilatar mi opinión.
Superado lo anteriormente expuesto, y con la enorme suerte de poseer ya una perspectiva histórica suficiente como para observar los hechos desde la distancia , con la relatividad que otorgan los años, y la suerte de haber sido sujeto activo y militante de la transición hacia la democracia en nuestro país, culminada ya, tras la sucesiva alternancia en el poder de derechas e izquierdas, sin que ello suponga una tragedia nacional, entendemos que en los momentos actuales la monarquía en España supone un factor de estabilidad democrática. Lo es más aún, tras los trágicos atentados del 11 de Marzo de 2004, que tan recientes están en nuestra memoria colectiva, conmoviéndonos a todos, y que han deparado un vuelco importante en el escenario político, dónde en los momentos actuales el consenso político con los partidos de corte nacionalista y republicanos es absolutamente necesario para la gobernabilidad del Estado.
En varias razones basamos nuestra opinión, en primer lugar la propia Carta Magna, que en su artículo 1, punto 3, nos dice que la forma política del Estado español es la monarquía parlamentaria y nosotros somos sumamente respetuosos con la misma, porque conocemos el significado de su inexistencia. El Rey Juan Carlos se ha convertido en su principal valedor y le ha dado pleno significado.
Tuvo asimismo el Rey la oportunidad de demostrarnos con hechos cuán profundamente la tenía asumida, y su lealtad al pueblo español, pues desoyendo “cantos de sirena golpistas”, el 23 de Febrero de 1981, frente a los que se rebelaban sobre la misma y le tentaban para que encabezase su rebelión, proclamó en voz alta su lealtad al pueblo y a la Constitución Española, como instrumento de paz y entendimiento entre todas las sensibilidades que afloran en las diferentes autonomías de España. Como historiadora además tengo que valorar el grado de aprendizaje que mostró el Rey sobre la Historia pasada, no cayendo en la tentación de su abuelo Alfonso XIII, cuando apoyó la dictadura militar de Primo de Rivera, que terminaría constándole el exilio.
Me parece también reseñable el que haya sido capaz de vencer la soledad y el aislamiento a que fue sometido, en su etapa de Príncipe de España, por el General Franco, saliendo de la “urna de cristal” que le tenían preparada, tanto los franquistas como la nobleza de rancio abolengo, ganándose el respeto y cariño de la mayoría de los españoles, incluso de fervientes izquierdistas como Santiago Carrillo que popularizó el término “juancarlista”, frente a proclamarse monárquico. Respeto que el Rey ha mostrado frente a otros que, aún siendo republicanos han sido escuchados y atendidos, según manda la Constitución, por el monarca y no recibiendo trato de similar respeto en numerosas ocasiones.
No puedo extenderme mucho más, pues así lo exige el guión, pero no quisiera dejar de plantear un debate para el futuro. Soy de las que piensan que hay que reformar la Constitución, que no es inmutable, y que debe de adaptarse a las nuevas sensibilidades, pero sobre todo en lo que se refiere a la monarquía aboliendo la Ley Sálica, que precede la sucesión del varón a la mujer, lo cual en el siglo XXI, resulta bastante anacrónico.
¿Que nos depara el futuro mediato?, no lo sabemos y nos negamos a efectuar una hipótesis contrafactual al respecto; sin embargo, tengo claro, que si el heredero sigue el patrón establecido por su padre, con la preparación académica que ha tenido y continúa el proceso de respeto a las libertades públicas y constitucionales de este país, podemos tener monarquía para largo rato.... Es más, en el período que atravesamos creo que resulta más necesaria que nunca, no se qué opinarán nuestros descendientes al respecto, pero en todo caso, a ellos toca decidirlo.