José Alonso Morales. Director del Aula Manuel Alemán de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Miembro del Consejo Social. Profesor del Instituto Teológico de Las Islas Canarias.
Se ha teorizado mucho en torno a la función social de la universidad. Hay momentos históricos que fue uno de los factores fundamentales de cambio decisivo y de influencia en los medios culturales, políticos, económicos y sociales. En la actualidad, las “minorías cognitivas” siguen incidiendo en el ambiente cultural pero han sido neutralizadas por otros medios, especialmente los de comunicación que tienen en sus manos la fuerza de la imagen. El papel de la universidad se ha reducido a algo más modesto que se sitúa, especialmente en estos dos ámbitos:
- El trabajo científico concretado prioritariamente en la investigación tecnológica creando nuevas posibilidades para el bienestar social en los más variados ámbitos.
- La tarea de formar profesionales para intervenir en los múltiples campos que se ofrecen desde el mercado y desde las necesidades de la sociedad, al mismo tiempo que los capacita para ejercer un trabajo como medio de subsistencia.
Estas funciones prioritarias de la universidad están en riesgo de volverse en contra de un servicio solidario a la sociedad. El avance de las tecnologías puede estar dominado por intereses ajenos a la auténtica promoción humana y los nuevos descubrimientos no tocar las situaciones de pobreza e incluso radicalizarlas. Se puede investigar y producir tecnología sólo al servicio del gran capital y como respuesta a los países situados en el bienestar, para objetivos bélicos, o para exhibiciones aparatosas delante del resto del mundo. Se puede estar en punta de los avances científicos pero totalmente al margen de planteamientos éticos y de los intereses reales de la humanidad.
En el ámbito de la formación de profesionales se cuenta con un panorama de paro laboral generalizado. Esta tarea se puede convertir, sencillamente, en preparar personas para el aparcamiento de espera al primer trabajo en un contexto ambiental de competitividad. Por otra parte, existe el riesgo de preparar profesionales al margen de las necesidades reales de los pueblos y atentos sólo a los dictados del pensamiento neoliberal y al servicio del mercado.
Un foro de encuentro de la universidad con la sociedad tendría que abrir posibilidades para que estos riesgos o peligros se soslayen y se vayan potenciando cauces donde la amplitud de miras al entorno social, susciten respuestas de investigación y proyectos adecuados a las necesidades urgentes de nuestro mundo.
La universidad ha de ser el lugar donde resuenen los problemas desde un pensamiento crítico, desde una investigación empeñada en descubrir soluciones y desde la elaboración de proyectos que den soluciones en la medida de lo posible a las situaciones que se viven en el entorno tanto cercano como mundial. Desde esta perspectiva, cabe la posibilidad de replanteamientos en planes de estudio y en enfoques de programaciones.
Especialmente me quiero referir en este momento a dos espacios que están al alcance y en los que ya hay personas empeñadas en aportar soluciones: