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Nº30
Marzo 2006
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
ALCANCE Y CONSECUENCIAS DEL PICUDO ROJO EN CANARIAS

Pedro Sosa Henríquez, Departamento de Biología, Gonzalo Pérez Melián, Departamento de Química, Agustín Naranjo Cigala, Departamento de Geografía

El picudo rojo de las palmeras es un escarabajo de la familia de los Curculiónidos originario de las regiones asiáticas tropicales que lleva el nombre científico de Rhynchophorus ferrugineus y cuya presencia constatada en el archipiélago es muy reciente, apenas unos meses. Se sabe con exactitud que fue introducido accidentalmente con la importación de palmeras datileras (Phoenix dactylifera) de gran tamaño que, procedentes del norte de África iban destinadas a complejos turísticos de nueva creación. Sorteó los precarios controles aduaneros y fitosanitarios oculto en el interior de los vegetales, desapercibido probablemente por encontrarse en sus formas más invisibles (huevos, larvas o pupa). Se sabe también que tiene especial predilección por la palmera canaria (Phoenix canariensis), constatado porque los ejemplares ornamentales plantados en el Sureste y Este de la Península Ibérica, donde el coleóptero se encuentra presente desde 1995, han sido especialmente afectados en comparación con otras especies.

Picudo rojo (hembra) localizado en la calle Tomás Morales en septiembre del 2005. Foto Marcos Salas
Constituye una plaga de gran virulencia, tanto en su fase de adulto como de larva, que en muchas regiones templadas ha acabado con un sinfín de palmeras datileras, cocoteros, palmeras de Guinea, etc. arribando a aquellos ejemplares dañados (por otras plagas, heridas, etc.) o débiles (falta de agua y nutrientes) a los que termina de dañar mortalmente aunque externamente no se detecten los síntomas. Utiliza un curioso procedimiento para seleccionar un huésped adecuado mediante la captación de feromonas especiales denominadas cariomonas que son emitidas por una palmera en malas condiciones de salud (también aquellas que han sido podadas agresivamente) y que sirve de guía olfativa al primer fundador. Éste una vez comprobado que se trata de un huésped adecuado emite unas señales químicas que atraen a toda una colonia.

En la península ibérica llevan combatiendo esta plaga más de 10 años con resultados algo discretos no definiendo aún con exactitud la estrategia más idónea. Sin embargo, en otros países como en Israel sí han conseguido en unos 5 años disminuir radicalmente las densidades del picudo en las plantaciones datileras y ornamentales usando varias medidas de control combinadas: en primer lugar han llevado a cabo un esfuerzo de gestión de los recursos disponibles, es decir, coordinar a todas las administraciones implicadas, tarea que aunque ardua parece imprescindible y todos los especialistas coinciden en definirla como la parte más importante de la lucha contra el parásito ya que permite la detección precoz, ventaja esencial hacia el éxito. Esta detección precoz puede llevarse a cabo de una manera visual con personal entrenado, con detectores bioacústicos, con perros adiestrados, o con trampas de feromonas sexuales que además suponen una herramienta de erradicación estratégicamente usadas. Un segundo nivel de ofensiva consiste en erradicar la fuente del problema, los árboles infestados, para lo que hay que seguir un protocolo riguroso de destrucción y luego tratamiento con pesticidas sistémicos en las zonas ajardinadas o mediante lucha biológica (hongos y nematodos) y de manera sistemática con las mencionadas trampas de feromonas. En definitiva, el uso de cuantiosos recursos humanos y económicos.

En Canarias, se ha detectado visualmente en Gran Canaria y Fuerteventura donde hay en estos momentos focos localizados en palmeras ornamentales y en urbanizaciones turísticas en las que recientemente se trajeron palmeras desde el exterior. Dado que se conoce el proceso de introducción, se sospecha fehacientemente que al menos en Tenerife, Lanzarote y La Gomera que también han recibido palmeras importadas, existen muchas probabilidades de que se encuentre. Aquí nos encontramos en una fase en la que la detección rápida ha activado la preocupación social (asociaciones ecologistas, colectivos para la defensa de la palmera canaria, etc.) exigiendo a las administraciones respuestas inmediatas (hay que comentar que existen otras plagas foráneas que están haciendo mucho daño a las palmeras canarias como la diocalandra, Diocalandra frumentii y que han quedado sin respuesta institucional efectiva) que parecen no tener el eco esperado a pesar de la prohibición de las importaciones de Palmáceas y trasiego de ejemplares a nivel insular, ó la paralización de todo tipo de podas y tratamientos en las palmeras.

La preocupación social, a nuestro juicio, no es baladí pues reconociendo los problemas de control que tienen con el picudo en Andalucía, Murcia y en la Comunidad Valenciana (y posiblemente también Cataluña) y los importantes recursos económicos que se han usado en Israel que podrían ser necesarios en el archipiélago, aquí la catástrofe puede ser peor pues contamos con palmerales naturales (recordemos que nuestra Palmera Canaria es la única en todo el territorio nacional que crece de forma natural y que además de ser el símbolo vegetal de todo el archipiélago canario, se trata de una especie exclusiva y endémica) con distintos atributos ecológicos y geobotánicos (palmerales de fondos de barranco, de laderas, asociados a cultivos, a caseríos, densos, dispersos, etc.) en los que unos tratamientos de control serían muchísimo más complicados y costosos y el coste ecológico y social catastrófico.

Palmeral de Mtña. del Socorro y palmeral de Salvago al fondo. Foto Marco Márquez

Uno de esos palmerales ejemplares en Gran Canaria es el palmeral de Salvago, reserva ecológica, ubicado en el Campus de Tafira de la ULPGC con más de 2.000 palmeras, entre adultos y jóvenes (incluyendo las de los jardines), que perviven la mayoría asociadas a las actividades agrícolas que aún se mantienen en el campus y que constituyen un paisaje único. Acorde con su Política Ambiental la ULPGC está sensibilizada con el problema de la plaga y demanda un examen fitosanitario del palmeral. Se constata que con el abandono de parte de las actividades agrícolas varias palmeras se han resentido por la disminución de los aportes hídricos o de peor calidad (unos 25 ejemplares muertos) y algunos otros muestran síntomas de alguna enfermedad pero un reciente examen visual ha descartado la presencia del picudo en el Campus por el momento. No obstante, desde algunas dependencias de la Institución (Escuela Taller, Aula de la Naturaleza, Parques y Jardines, Oficina de Gestión Ambiental) se trabaja en formalizar acuerdos y convenios que doten a la comunidad universitaria de formación y herramientas de detección de este escarabajo que eviten la instalación en la ULPGC.

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