José Alonso Morales, Director del Aula Manuel Alemán de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Vicedirector del Instituto Superior de Teología de Las Islas Canarias. Sede de Gran Canaria.
El tema está en la calle hace tiempo. Aparece y reaparece a la sombra de las reformas legislativas de los gobiernos de turno o con ocasión de problemas de contenidos, profesorado y sentencias de tribunales. Los periódicos de nuestra provincia lo testifican.
Ante este tema, yo quiero situarme desde unas afirmaciones, un reconocimiento de dificultades y una opinión o sugerencia.
Una afirmación:
El tema religioso tiene que estar en el currículo de enseñanza secundaria. En un mundo donde la religión, con sus luces y sus sombras, es un elemento fundamental de articulación social y de cohesión o conflicto cultural, es necesario afrontarla y estudiarla. Esto lo afirma el filósofo Eugenio Trías, autor que no tiene peligro de situarse en una confesión religiosa determinada:”Si hay un tema relevante en este fin de milenio, este es, sin duda, el religioso. La religión vuelve a estar de actualidad después de dos siglos en los cuales parecíamos asistir a su declive irreversible” ( Pensar la religión. Ediciones Destino. Barcelona 1997).
La experiencia religiosa ha sido un componente de la configuración cultural de occidente y en concreto en nuestras sociedades. Eventos recientes en nuestra misma realidad lo ponen de relieve.
La realidad europea, y en Canarias esto se agudiza, es progresivamente un tablero variado de culturas y religiones, venidas del mundo africano, asiático o americano. Entre nosotros, hay colegios donde conviven alumnos/as de más de cinco religiones. Es necesario educar para conocer, convivir, dialogar y tolerar la diversidad cultural y religiosa Es necesario criterios para discernir donde está la secta, el adoctrinamiento, y la deshumanización venida desde los sentimientos y contenidos religiosos.
Desde estas afirmación saco una conclusión:
El estudio de lo religioso debe estar en la escuela. Una materia obligatoria, ( su articulación puede ser variada) relacionada con la antropología cultural, la filosofía y la historia, donde se afronte esta dimensión de nuestra cultura.
Otra afirmación:
La religión confesional ha de tener una presencia en la escuela.
A los padres les asiste un derecho de cara a la educación de sus hijos y no se ha de desoir a aquellos sectores que piden una formación- instrucción confesional para ellos. No se trata de una catequesis, actividad propia de la comunidad religiosa de referencia.
La instrucción- formación religiosa confesional ha de ayudar a integrar sus diferentes contenidos con el resto de contenidos saberes y actitudes. El elemento religioso sigue siendo un potente agente de socialización, al menos en algunos sectores. Esta posibilidad se ha de ofrecer no sólo para la confesión católica sino también para aquellas confesiones que tengan las garantías exigidas para ello.
Algunos problemas
Soy consciente de los problemas de orden práctico, los conflictos de derechos y deberes, los agravios comparativos que pueden surgir. Para que unos alumnos tengan religión confesional, es necesario que otros tengan otra asignatura alternativa (una cierta penalización) en la que se entretengan durante ese tiempo. No se puede poner al comienzo de la mañana o al final del día porque la signatura no gozaría de garantía de ser elegida libremente. Esa alternativa no podría ser una especie de entretenimiento ya que se sabe lo que se va a elegir. Ahí aparecen una serie de choques que no es nada fácil arbitrar. Me parece que no se trata de mala o buena voluntad sino de dificultades, algunas veces insolubles.
Sólo hago alusión al estatuto del profesorado de religión que es otra fuente de conflictos. A mi modo de ver hay una mezcla de niveles. Por una parte, elementos teológicos como la llamada “missio” por la que el Obispo nombra o deja de nombrar al que crea idóneo cada curso; por otra parte, los derechos que se reclaman desde al ámbito sindical y jurídico que no reconocen o no comprenden el nivel anterior. Las muchas sentencias y conflictos lo atestiguan.
Una sugerencia
Quizá la religión puede pasar a ser una optativa entre tantas. No frente a otra alternativa sino en el conjunto de materias optativas del currículo, al mismo tiempo que se ofrece, por ejemplo,“Literatura Canaria”, “Teatro” ,”Aprender a Razonar”, “Psicología”... se ofrece también la religión confesional como otra posibilidad. En ese caso, pasaría a ser una materia con todos los derechos y deberes del resto de las materias. No sería alternativa sino optativa.
La actitud de fondo ante este problema, como ante otros que están actualmente en debate, ha de ser de una confrontación y búsqueda común entre los sectores implicados y no desde posturas de fuerza, condenas o descalificaciones. Sólo el diálogo y el peso de las razones ha de ser el árbitro y el ganador y nunca la imposición o los mal llamados pactos de intereses.