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Nº9
Abril 2004
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
LISTAS DE ESPERA

Lourdes Farreron, Profesora Titular de Escuela Universitaria. Departamento de Enfermería de la ULPGC

Existen varias definiciones de lista de espera pero, en cualquier caso, la que en 1998 hizo un grupo de expertos del INSALUD es bastante aclaratoria:¿Conjunto de pacientes? que en un momento determinado se encuentran pendientes de una intervención quirúrgica cuya demora existente no debe estar indicada médicamente ni ser consecuencia de la voluntad del paciente.

Estar en lista de espera supone que el sistema no es capaz de programar, en tiempo y forma conveniente, una intervención médica (a nuestro entender no sólo quirúrgica, ya que también hay listas de espera de consultas externas) necesaria para una persona a quien se ha diagnosticado un proceso morboso.

Una vez definido el concepto cabe preguntarse el por qué de esta situación. Conviene no caer en la tentación de hacer una valoración simple, dado que la situación se produce por múltiples causas y sería una quimera atreverse a buscar un único responsable.

En primer lugar es un problema de gestión a todos los niveles. Quizás lo más prioritario sería el reconocimiento de la situación como un problema del Sistema Nacional de Salud y, por tanto, necesitado de un plan de actuación perfilado y consensuado con las distintas comunidades autónomas desde el propio ministerio. A nuestro entender no es un tema que pueda tratar ni solucionar cada comunidad autónoma –con independencia de que la situación de cada una en este sentido pueda no ser idéntica-, sino que requiere de la asunción de responsabilidad por parte de los responsables ministeriales.

Este plan tendría como primera fase el análisis de la situación y, con ella, del modelo de gestión en la utilización de los recursos sanitarios. Una gestión ineficaz de los recursos, tanto humanos (activos intangibles) como materiales (tangibles), nos lleva a tener unos hospitales –en la mayoría del Estado- con una infraestructura moderna, con tecnología punta y al alcance de cualquier comunidad –lo que viene a responder al principio de equidad que promulga la Ley General de Sanidad –, pero infrautilizados si tenemos en cuenta que funcionan a pleno rendimiento durante el turno de mañana, pero disminuye drásticamente su utilización -y, por tanto, su rendimiento- en los turnos de tarde y noche. ¿Por qué no funcionan los quirófanos por la tarde igual que por las mañanas?, ¿por qué no funciona el servicio de rayos X, el de laboratorio, el de pruebas complementarias, etc. por la tarde igual que por las mañanas?

Y si no hablamos de turnos puntuales podemos hablar de fechas: ¿por qué disminuye la programación quirúrgica en los meses de julio, agosto y septiembre? A lo mejor -aunque esta medida probablemente es impopular entre los profesionales sanitarios- habría que reconsiderar y negociar la distribución de las vacaciones a lo largo de todo el año y no concentrarlas en estos tres meses.

Estos planteamientos -claro está- también tienen sus detractores. Por ello sólo los vertemos como reflexiones o puntos débiles que la administración sanitaria debería valorar y considerar, a la hora de llevar a cabo el plan necesario para encontrar la solución al problema de las listas de espera.

En su momento ya manifestamos que la causa de las listas de espera no tenían un único responsable, justo es, por tanto, reconocer la responsabilidad de los profesionales, que están obligados en su medida a colaborar con los máximos responsables en la búsqueda de soluciones.

Por último, como decíamos en un principio, si bien –a nuestro entender- es fundamentalmente un problema de gestión ineficiente, no debemos olvidar que en algunos casos la falta de información o de conocimientos de los usuarios hace que el sistema se colapse, no siempre por causas justificadas.

En cualquier caso, y sin ánimo de acusar y otorgar al Estado un exagerado paternalismo, también sería en parte responsabilidad del sistema. De él, depende la educación y formación para la salud, lo que contribuye a un mejor uso y no abuso de los recursos sanitarios por parte de los usuarios y, por supuesto, de toda la comunidad.

Aunque, en menor medida, comportamientos más solidarios en este sentido favorecerían un funcionamiento más diáfano y menos obstructivo del sistema, lo que también facilitaría la disminución de las listas de espera.

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