Logo de la ULPGC
Nº12
Julio 2004
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
Las Dietas en Canarias

Germán Hernández Rodríguez, Presidente de la Unión de Consumidores de Las Palmas- UCONPA y Profesor de la ULPGC

Si entendemos por dieta un tipo específico de forma de alimentación o nutrición del cuerpo, no cabe duda que en Canarias hay variedad de dietas, como en cualquier otra región de España, pues las personas tienen gustos particulares y eligen comer o no una u otra cosa por causas sociales, psicológicas, económicas, simbólicas e incluso religiosas. Por tanto, es un hecho extraordinariamente complejo.

Nuestra economía basada hasta mediados del siglo XX en la agricultura, ganadería, pesca y comercio, impuso unos hábitos alimenticios con presencia de hortalizas, legumbres, frutas, leche, queso y pescado, con una menor incidencia de carne, reservada generalmente para los días de fiesta. El gofio, las papas y el pescado se han convertido en el símbolo de nuestra gastronomía, con los conocidos platos tradicionales como el sancocho, las papas arrugadas, los caldos de papas, los guisos de legumbres, potajes, etc., aunque debemos destacar la excesiva ingesta de papas, productos que revelan un claro exponente de la influencia de los factores sociales, culturales y económicos en las decisiones y comportamientos alimentarios de los canarios. No obstante, es una dieta con bastantes características mediterráneas.

Sin embargo, el proceso de industrialización y los cambios económicos y sociales de los últimos años, han trastocado por completo los hábitos alimenticios tradicionales. Factores como el uso y abuso de la comida rápida en la población infantil y juvenil, los excesos de bollería industrial, la falta de tiempo para preparar guisos, el aumento del endeudamiento familiar, el encarecimiento del pescado, frutas y verduras ha incidido en el incremento del consumo de carne y, por tanto, una mayor ingesta de grasas saturadas, que unido a una vida más sedentaria, ha disparado los índices de obesidad.

La palabra dieta comenzó a utilizarse en sentido peyorativo, como el conjunto de recomendaciones y prohibiciones médicas para ayudar a la curación de problemas de salud de los pacientes de diferente índole. Pero los avances en la investigación de la nutrición y su relación con la salud, ha propiciado un cambio sustancial importante, con lo cual la dieta significa también tener buenos hábitos alimenticios para la prevención de la salud.

Es aquí donde surge el principal problema: los factores a tener en cuenta para conseguir ese objetivo son de tal complejidad, que exigen unos conocimientos científicos de los que la mayoría de la población carece, además de la necesidad de cambios de mentalidad y adquisición de destrezas para combinar los diferentes alimentos.

Por otra parte, la información disponible es considerable, aunque a veces también contradictoria, lo que lleva a la mayoría de los consumidores a dudar de todo y a cuestionarse si se alimenta correctamente o no, debido a que existe mucha información interesada, que distorsiona el sentido de lo que es una dieta variada, en especial, desde las grandes empresas de distribución de alimentos, como pueden ser las del sector lácteo que han visto en las innovadoras tendencias y demandas de los consumidores un auténtico filón para colocar nuevos productos en el mercado, que más parecen fármacos, enriquecidos con vitaminas, calcio, Omega3, etc.

Asimismo, se ha apoderado de la sociedad el culto al cuerpo, con la imposición de unos cánones de belleza y unas medidas antropométricas inalcanzables para la mayoría. Los mensajes publicitarios de los distintos medios de comunicación del tipo: ¡Pierda tres kilos en cinco días! o ¡Reduzca rápidamente el volumen de su abdomen y su cintura! y otros por el estilo, que pretenden poner en el mercado productos milagrosos capaces de permitirnos comer de todo sin engordar, han calado tan hondo que están ocasionando graves derivaciones hacia la anorexia y la bulimia.

Probablemente, los desequilibrios en la dieta actual están relacionados con una incapacidad para procesar toda la información disponible sobre dietas sanas y saludables, porque nos falta formación y educación que nos ayude a corregir determinados desajustes. Hay demasiados titulares de lo mal que nos alimentamos, pero poco espíritu didáctico para ayudar a la población a corregir anomalías y conseguir hábitos alimenticios saludables, para que podamos volver al disfrute, sin complejos ni sentimientos de culpa, de una buena mesa.

Hasta hace poco la alimentación estaba en manos de las amas de casa que decidían la elaboración de un menú diario, dominado por todos los condicionantes ya referidos, sin embargo, actualmente es necesaria la intervención de nutricionistas que nos asesoren. Debido a la correlación científica entre dieta y salud, corresponde a los responsables de la Sanidad Pública el diseño de políticas preventivas, basadas en la educación de los consumidores en hábitos alimenticios saludables, que implicaría una reducción del gasto sanitario y mejora de la calidad de vida. La Atención Primaria de los Centros de Salud debe disponer del personal necesario especializado en nutrición, para que ejerzan de guías y colaboradores de los consumidores y usuarios en su ámbito de actuación.

Pero también hay que exigir a los gobiernos una estricta vigilancia sobre el proceso de elaboración de los alimentos, tanto de origen animal como vegetal. La carrera frenética por conseguir una mayor producción a más bajo coste, con el uso desmesurado de pesticidas y fertilizantes, así como el tipo de crianza y engorde de los animales, está dando lugar a que al mercado lleguen productos que ponen en riesgo la salud de los consumidores. El objetivo debe ser, entre otros, conseguir buenas prácticas agrarias y ganaderas, aumentar la inversión en la prevención de enfermedades, así como una mayor vigilancia en el etiquetado nutricional y los productos milagrosos para evitar cualquier inducción a error, así como especial atención a la transformación de alimentos y elaboración de comidas rápidas.

Volver
Up