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Nº29
Febrero 2006
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL: ENTRE LA ESPERANZA ALCANZABLE Y EL SUEÑO IRREALIZABLE

Jesús Mª Martínez Milán Departamento de Ciencias Históricas

En el punto muerto en el que se encuentra actualmente el conflicto del Sáhara occidental, encontrar una solución al contencioso que satisfaga a las partes en cuestión está, hoy por hoy, bastante lejos. Como recoge el último informe del secretario general de Naciones Unidas al Consejo de Seguridad, fechado el 13 octubre del 2005 (S/2005/648), las posiciones de Marruecos y del Frente Polisario, en lo atinente a la solución del conflicto, se encuentran muy distanciadas, y lo que es peor, este estancamiento se ha visto enturbiado no sólo por el incremento de la tensión en la región, sino por las incesantes acusaciones mutuas “de violaciones de los derechos humanos en el Territorio”. En dicho informe, Kofi Annan afirma “que la situación podría empeorar aún más si no se llega a una solución mutuamente aceptable, que prevea la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental. Yo sigo –continúa el secretario general– estando dispuesto a ayudar a las partes a llegar a esta solución, pero es a ellas a quienes corresponde tomar decisiones estratégicas que definan, entre otras cosas, lo que podrían hacer las Naciones Unidas para ayudarlas a resolver sus diferencias” (párrafo 24, página 6).

Tanto Marruecos como el Frente Polisario, que son partidarios, al igual que las potencias concernientes en el asunto, de resolver esta cuestión en el marco del ONU, se encuentran, sin embargo, atrincherados en sus posiciones sin que se atisbe un cambio de actitud que posibilite un avance en las negociaciones. Mientras los primeros no están dispuestos a ir más allá de conceder una “amplia” autonomía al territorio sin menoscabo de su soberanía sobre el mismo, los dirigentes del Frente Polisario (y con ellos Argelia) no se mueven ni un ápice de las resoluciones aprobadas por Naciones Unidas y, en concreto, del cumplimiento del plan Baker II.

En la defensa “numantina” de sus posiciones, ambas partes han recurrido y recurren a todo tipo de argumentos con la intención de sustentar sus posturas. Hace años advertí –y afortunadamente no he sido el único– de la necesidad de avanzar en la investigación científica y rigurosa sobre los últimos años de la colonización española y la posterior descolonización inconclusa, que sacara al tema del Sáhara occidental de la órbita del determinismo y simplismo en el que lo han metido todos aquellos que, buscando razones para dilucidar la “marroquinidad” o no de la antigua colonia, se acercan al tema de marras para justificar las tesis del Frente Polisario o las del reino alauita. En la “polémica” conferencia celebrada el jueves 26 de enero en Las Palmas de G.C., bajo el título: Sáhara Occidental: visiones para el futuro, se advierte algo de lo que acabamos de aseverar. En un principio, la conferencia fue convocada para que los participantes pusieran sobre la mesa varias propuestas de solución y defendieran diferentes posturas. Sobre el papel, el politólogo de la Universidad de Portland, John Damis, era el encargado de defender las tesis de Marruecos, mientras que a Carlos Ruiz Miguel (catedrático de derecho constitucional de la Universidad de Santiago de Compostela, que al final declinó su asistencia) le tocaba jugar su papel como defensor de las tesis del Frente Polisario. Además del presidente y de algunos consejeros del gobierno regional, y de la presencia de dos ex presidentes autonómicos, el resto de los ponentes anunciados lo formaban: una alta funcionaria de las Naciones Unidas (Anna Theofilopoulou), dos ex representantes especiales del secretario general de la ONU para el Sáhara occidental (Eric Jensen y Charles Dunbar), y el antropólogo francés Pierre Bonte, especialista en las tribus del norte de Mauritania, en especial de la región del Adrār Tmar.

Aunque ningún representante del Frente Polisario ni de sus acólitos asistió –se quedaron manifestándose en el exterior–, por estimar que la conferencia estaba algo escorada hacia las tesis que defiende Marruecos; Jensen y Dunbar realizaron algunas afirmaciones que a nadie bien informado se le escapa. En primer lugar, Estados Unidos no va a permitir que el Magreb sea un foco de tensión a cuenta del incremento de los movimientos islamistas fundamentalistas de carácter yihadista, como está ocurriendo en Oriente Próximo. Y segundo, Estados Unidos, Francia y España –que ha abandonado su tradicional política de “neutralidad activa”– están buscando el consenso de las partes en torno a una amplia autonomía para el territorio, más que en base al cumplimiento del plan Baker II, que algunos ya dan por finiquitado. El problema está en que Estados Unidos tiene que contar, entre otros, con Argelia, lo cual no facilita esa tarea difícil y delicada que pretende llevar a cabo. Es por ello por lo que estamos convencidos de que una solución definitiva para este conflicto tardará, desgraciadamente, en llegar.

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