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Nº20
Abril 2005
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
EL PAPEL DE LA UNIVERSIDAD EN LA COOPERACIÓN AL DESARROLLO

Vicente J. Díaz García. Grupo de Investigación “Hábitat y desarrollo”. Escuela de Arquitectura de la ULPGC

“DESEQUILIBRIOS”

El vuelo de Air Mauritani que une el aeropuerto de Gran Canaria con el aeropuerto de Nouâdhibou dura 50 minutos. En el mes de enero de 2005 tres alumnos de la escuela de arquitectura viajaron a Mauritania para conocer y estudiar el proyecto “Habitáfrica” que la fundación CEAR (Comité español de ayuda a los refugiados) está desarrollando en este país vecino desde hace tres años. “Habitáfrica” es un proyecto de cooperación al desarrollo destinado a la mejora de la habitabilidad básica de los sectores de población más necesitados en las dos ciudades más importantes del país: Nouakchott y Nouâdhibou. La visita se realizó como paso previo para la realización de su proyecto final de carrera en nuestra escuela de arquitectura en torno al tema del hábitat.

Con esto quiero decir que nuestra universidad ya está implicada en tareas de cooperación al desarrollo. En la facultad de medicina son cada vez más los estudiantes pertenecientes al colectivo “Nahai” que se han desplazado a Perú en el marco del proyecto de educación para la salud de comunidades indígenas de la amazonía peruana. En magisterio, en veterinaria, en ingeniería, derecho, ciencias económicas o empresariales existen grupos de trabajo que están realizando colaboraciones con grupos de otros países del sur. También contamos con una participación importante en programas de cooperación de la Agencia española de cooperación internacional (AECI) o de la Unión Europea. Sin embargo tenemos que decir que todavía no es suficiente. Nuestros esfuerzos, siendo importantes, se encuentran todavía muy lejos de los empeños que desarrollan otras universidades a través de sus centros de cooperación al desarrollo: debemos destacar la labor que realiza el Centro de cooperación al desarrollo de la Universidad Politécnica de Barcelona; el Centro de iniciativas de cooperación al desarrollo de la Universidad de Granada o el Comité de cooperación y solidaridad de la Universidad Politécnica de Madrid entre otros. También nos encontramos lejos aun de las actuaciones de cooperación de otros países europeos, especialmente los países escandinavos.

Son muchas las razones por las que la Universidad debe implicarse en la cooperación al desarrollo. Por ejemplo, en el documento marco de la AECI para el cuatrienio 2005-2008 se define claramente cual es el papel que debe jugar la Universidad en este terreno:

La Universidad constituye un ámbito privilegiado para la cooperación al desarrollo desde dos perspectivas fundamentales: en primer lugar como institución dotada de recursos técnicos y humanos altamente cualificados, que abarcan todos los campos del conocimiento, y cuya proyección hacia los procesos de desarrollo de los países y sociedades destinatarias de la ayuda española puede ser de gran importancia. En segundo lugar, porque constituye un espacio de enorme interés para la sensibilización y educación de un segmento significativo de la población, y para la difusión de valores solidarios y universalistas en un sector de la juventud llamado a jugar un papel social relevante en el futuro.

Si esto es válido en general para la Universidad en España podemos sin embargo aportar un argumento mucho más contundente para la implicación de nuestra Universidad en la cooperación al desarrollo y que tiene que ver con el lugar geográfico que ocupamos en el mundo.

Existe una verdad no siempre valorada que dice que en los 100 kilómetros que separan nuestro archipiélago del continente africano se produce la mayor diferencia de desarrollo humano del planeta. En menos de una hora en avión pasamos de Canarias, que se encuentra en el puesto número 20 del Índice de Desarrollo Humano (IDH)1 , a Mauritania que ocupa el puesto 152 (-132 lugares). Más que la diferencia que se produce en el estrecho de Gibraltar entre España (20) y Marruecos (125) (-105), o la que existe entre Costa Rica (45) y Nicaragua (118) (-73); entre EEUU (8) y México (53) (-45); entre Italia (21) y Albania (65) (-44), por nombrar algunas fronteras conocidas. Sólo existe otra situación similar en nuestras antípodas: la diferencia entre Australia (3) y Papua-Nueva Guinea (133) es de 130 puestos. La mayor parte de las fronteras de nuestro mundo son menos visibles que la nuestra en términos de desarrollo. Esto quiere decir que las personas que atraviesan en patera ese trozo de mar hacia nuestras costas, están atravesando el mayor desnivel que existe en el Mundo entre el sur y el norte, entre la pobreza y la riqueza. En nuestras fronteras se produce el mayor desequilibrio del planeta.

Tal vez nuestra sociedad no es totalmente conciente de este dato. Sin embargo algo ha empezado a moverse en nuestro entorno. Sólo en nuestra universidad podemos encontrar un sinfín de ejemplos de jóvenes que han decidido participar en proyectos de cooperación al desarrollo, especialmente con países de América Latina y África. Unos/as se van por su cuenta y otros/as participan en convocatorias públicas o viajan a través de ONGs. El caso es que en los últimos años ha aumentado el número de alumnos/as que quieren ver con sus propios ojos la realidad de esas desigualdades. No les basta ya con ver imágenes en el televisor o leer los titulares de la prensa. Con la mochila al hombro, nuestros/as universitarios/as están en estos momentos recorriendo y conociendo el mundo que les rodea: en las colonias de la periferia de Tegucigalpa, en los poblados jóvenes de Lima, en las villas miseria de Buenos Aires o en las favelas de Río. Donde haya un proyecto de educación, de letrinización, de sanidad o de fortalecimiento institucional, allí se encuentran nuestros/as futuros/as profesionales poniendo sus conocimientos, su tiempo y sobre todo sus ojos y su mente en comprender el porqué de las injusticias, de la miseria y del olvido de tantos lugares y gentes.

Nuestra universidad debe conocer esta realidad de su alumnado. Debe también brindarles un espacio para que cuenten su experiencia, para que se conviertan por un día en nuestros profesores y nos puedan enseñar sus vivencias allende los mares. Todo ese conocimiento merece ser divulgado entre la comunidad universitaria y también en la sociedad.

Esa es pues la propuesta para nuestro CUCID (Centro Universitario de Cooperación Internacional al Desarrollo) de reciente creación: que nuestra Universidad cree un foro permanente de difusión de las experiencias de sus alumnos en proyectos de cooperación al desarrollo. Esto es, que cada semana, un/una alumno/a nos presente sus vivencias y su experiencia en un proyecto de cooperación al desarrollo. De este modo nos enriqueceremos todos y haremos este mundo un poco más cercano y presente.

1El Índice de Desarrollo Humano es un indicador compuesto que mide los avances promedio de un país en función de tres dimensiones básicas del desarrollo humano, a saber: una vida larga y saludable medida según la esperanza de vida al nacer; la educación, medida por la tasa de alfabetización de adultos y la tasa bruta combinada de matriculación en primaria, secundaria y terciaria; y un nivel de vida digno medido por el PIB per cápita. (Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas: 2004)

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