Supongo que la mayoría de ustedes saben ya lo que son las becas Erasmus. Y supongo que también habrán oído o leído a través de amigos, de Internet y de otros medios cómo han sido sus experiencias y cómo han vivido sus emociones al llegar al país de destino. Sin embargo, quisiera abstraerme un poco de lo que es el día a día de la experiencia Erasmus e ir más a su significado. Una palabra resumiría mi sentir: libertad. El Erasmus es único para cada cual; cada uno vive ese tiempo a su manera y como desea.
Para todos y cada uno de los erasmus, es como si nos abandonasen en un lugar desconocido, con gente desconocida, y todo tuviera que construirse de la nada. Buscando un paralelismo, podría ser el sentimiento que pudiera tener un inmigrante, pero sin sus dificultades de integración. Y es que el erasmus puede apoyarse en otros erasmus para crear su nuevo mundo, puesto que se encuentran en su misma situación, lo cual es la opción más a mano y mayoritaria, pero también puede hacerlo en la gente del lugar, quienes pueden decidir aprovechar la oportunidad de conocer a gente de otros países de Europa. Con el paso de los meses, esas bases comunes que otorga el status Erasmus se van disolviendo (para unos llega antes, para otros después), y vuelve a pesar más la condición de individuo. Ya en este punto cada uno habrá podido construirse, digamos a voluntad, aunque también juega lo suyo el libre albedrío, las bases para su supervivencia social. Este punto crítico es determinante para el verdadero aprovechamiento de la experiencia. Será entonces cuando se forjarán amistades que perduren en el tiempo o sea sólo “gente con la que pasar el rato e ir sobreviviendo”. Esta es una de las razones por las que animo a la gente a que se vaya un año, puesto que cinco meses pueden ser escasos para llegar a conocer de verdad a los demás.
Por tanto, más que una experiencia que queda ahí, como un tiempo bonito, de disfrute, pero nada más, el Erasmus es sobre todo una oportunidad de conocimiento personal, a través de la necesidad de interactuar en un medio desconocido; una forma de descubrir en los demás personalidades “open” y “closed minded”; de enriquecerse con errores y aciertos, pero siempre interiorizados de forma positiva, como pasos hacia delante; un catalizador hacia una mayor madurez, que nos servirá para potenciar y maximizar nuestro posterior desarrollo personal. La experiencia tiene aún más posibilidades, ya que es posible proyectar su espíritu hacia el futuro. Así, mientras mantengamos aquellas relaciones que fueron verdaderas (aquellas forzadas caen por su propio peso, no se mantienen), y hagamos un esfuerzo en llamarnos y reencontrarnos con nuestros amigos alemanes, holandeses, italianos, franceses cada cierto tiempo, podremos seguir saboreando los frutos de esta oportunidad que se nos brindó en su momento, y que recomiendo, si pueden, no desaprovechen.