Stralsund es el nombre de un pequeño pero encantador pueblo al norte de Alemania, en donde ya llevo alrededor de unos ocho meses y medio, disfrutando de una magnífica experiencia de vida: “la experiencia del Erasmus”.
Según llegas a este recondito lugar, junto a la isla de Rügen, te enamoras de sus innumerables lagos, del sabor medieval de sus edificios y calles, de las tan típicas bicicletas y de los colores que adquieren sus impresionantes campos según la estación del año en la que te encuentres…
Ahora, unos dos meses antes de que este curso termine y de que por lo tanto también termine mi período como estudiante erasmus aquí, recuerdo tan lejos y a la vez tan cerca aquellas semanas de Septiembre antes de emprender mi viaje hacia la fría Alemania. En aquel momento en el que mi cabeza solo estaba ocupada con los preparativos del viaje, no podía imaginar que mi vida fuera a cambiar en la forma en la que lo ha hecho.
Podría escribir sin cesar sobre miles de curiosidades, anécdotas e historias para no dormir que he pasado durante este curso académico. Han sido tantas impresiones nuevas, tantas emociones las que he vivido, que a veces me siento muy afortunada de poder haber disfrutado de está maravillosa oportunidad. Es imposible imaginar la gran cantidad de cosas positivas que te puede llegar a aportar una estancia de este tipo en el extranjero, entre ellas el hecho de madurar muy rápidamente. La verdad es que yo era una persona bastante insegura en muchísimos aspectos de mi vida y el hecho de no haber vivido nunca de forma independiente hacía que este problema se acentuara mucho más. Sin embargo, todo eso está totalmente superado y todo gracias a las circunstancias que me han tocado vivir durante este curso. Sinceramente, ahora siento que por fin he conseguido lo más importante que puede llegar a poseer una persona, me refiero como no a la independencia.
El Fachochhschule de Stralsund, no es exactamente una universidad, sino lo que se conoce en España como un colegio superior. Al no ser demasiado grande, sientes un trato muy familiar entre los profesores y los alumnos, conociéndose prácticamente todos, gracias también a que es un centro con mucha vida estudiantil. Además, la residencia está justamente al lado de los edificios en donde se imparten las clases por lo que aquí todos nos conocemos, gracias a lo cual esta aventura se llega a vivir de forma mucho más intensa.
En este momento, en el que hago valoración de lo que ha simbolizado para mí esta estancia en Alemania, me encuentro con que lo mejor todo es el haber encontrado tantos amigos de todos los lugares de este mundo desde alemanes, pasando por mejicanos o ecuatorianos, polacos, lituanos y por supuesto muchos amigos de nuestra geografía española…Así es, en este tipo de situaciones es donde más cuenta te das de lo que significa la palabra amistad. Son los pequeños momentos en el comedor, en la lavandería o simplemente haciendo pequeñas escapadas en bicicleta a la ciudad. Los asaderos al llegar la primavera con la salida de los primeros retoños en los resentidos árboles por el crudo invierno, ver el mar congelado… Pero también los grandes acontecimientos como los viajes a Rostock, Dortmund, Dusseldorf , Köln y por supuesto a la gran Berlín en el mercado de los mercados de navidad, las charlas tomando alguna infusión mientras a fuera nevaba o las reuniones de estudios con nuestros compañeros alemanes para preparar exposiciones y trabajos, exámenes , las fiestas con amigos internacionales, aprender un poquito más de un idioma que al principio era incomprensible… Todo ello es lo que te hace valorar la vida de una forma diferente.
Se que en poco más de ocho semanas volveré a Gran Canaria, a mi isla, a mi vida de antes, pero también se que no soy la misma muchacha casi sin experiencia que salió de su pequeño universo en las Islas Canarias, para enfrentarse a la vida en el estado más puro, Ahora, es el momento de regresar, pero con la satisfacción de haber vivido mi experiencia erasmus a tope.