Manuel J. Martín Hernández, Departamento de Arte, Ciudad y Territorio, ULPGC
Cuando nos hacemos la pregunta acerca de qué modelo de espacio público queremos, solemos olvidar que debería corresponder a los ciudadanos decidir la o las alternativas más apropiadas para ellos. Un espacio público es, por definición, un espacio “hecho público”, es decir, un espacio apropiado por la ciudadanía que lo usa, que lo siente como propio. Y esto significa que ha participado y participa en todo el proceso de su gestación y gestión. No valdría, por lo tanto, justificar las operaciones urbanas a realizar, a partir de un Plan aprobado, tras un periodo de información pública en el que, en el mejor de los casos, los ciudadanos apenas han podido dar su opinión sobre documentos ya elaborados. Se trata, cuando se habla de espacio público, de entender que es un proceso efectivamente público lo que se hace presente en esos lugares. Y estos deberían ser espacios de expresión colectiva, un producto social de gestión democrática, donde participa la ciudadanía poniendo en juego valores éticos, de tolerancia y solidaridad. Un producto social que es el elemento ordenador del urbanismo, por lo que defiendo también un derecho al proyecto como contenido esencial de la libertad.
Esto viene a colación del debate actual sobre el Frente Marítimo de Las Palmas de Gran Canaria. Posiblemente, y después del derribo de la muralla norte a mediados del siglo XIX, que dio lugar a un imparable crecimiento de la ciudad hasta encontrarse con las primeras construcciones del Puerto de Las Isletas, no ha habido una operación que afecte tanto al futuro urbano como la que se prepara ahora a todo lo largo del frente naciente de la ciudad. Las Palmas de Gran Canaria es, fundamentalmente, una ciudad de mar aunque tradicionalmente le haya dado la espalda y, hoy, ofrezca en esa fachada una nueva muralla construida (cuyas traseras, por cierto, ofrecen una imagen más deleznable que la peor de las periferias) y una vía que ocultan y separan bruscamente la ciudad baja de su frente marítimo. El modelo de vida urbana a lo largo de toda la Playa de las Canteras hace de este lugar un dominio envidiable, pero no puede quedarse todo ahí; posiblemente la costa urbana al este, oeste y norte sea el patrimonio de más valor de la ciudad y no puede hurtarse el debate sobre el futuro de esas otras líneas de costa. Por ello, en la última Junta de Centro, la Escuela de Arquitectura aprobó proponer a las autoridades un Concurso Internacional de Ideas, como mecanismo de participación abierto a la decisión ciudadana acerca de su propia ciudad.