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Nº9
Abril 2004
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
LISTAS DE ESPERA: VISIÓN MÉDICA

Dr. Pedro Betancor, Catedrático de Medicina y especialista en Medicina Interna

La existencia de listas de espera en los sistemas sanitarios públicos es prácticamente inevitable, máxime en un sistema como el nuestro que cubre a la casi totalidad de la población, con fácil accesibilidad y es enteramente gratuito. Es más, el aumento de la oferta en las carteras de servicios se sigue de un incremento mucho mayor de la demanda. Esta situación es común en todos los sistemas sanitarios públicos de amplia cobertura.

Sin embargo, aceptando que probablemente siempre existirá lista de espera, no es médica, social ni humanamente defendible tal situación, al menos que esté perfectamente regulada y no exista la posibilidad de retrasar el diagnóstico o tratamiento de un proceso que pueda agravarse por tal demora, o que menoscabe la calidad de vida de quien lo padece.

En cualquier caso es conveniente diferenciar diferentes “listas de espera”, dado que las posibles repercusiones son notablemente diferentes. Durante mucho tiempo el concepto de lista de espera se ha referido casi en exclusividad a las esperas quirúrgicas, y son estas las que han merecido mayor atención e incluso programas especiales con financiación propia para reducirlas. En la actualidad, según publica el Servicio Canario de la Salud existen 25151 pacientes en espera de ser intervenidos, de los que 10116 llevan más de seis meses. Conviene aclarar, porque así es en la realidad, que no todos los casos son equiparables, aunque para quien espera su caso sea el más importante. Cuando se depuran dichas listas se comprueba que:

  1. no suelen existir casos de patología grave o que pongan en peligro la salud de los pacientes, dado que el propio facultativo prioriza la necesidad de cirugía según el tipo de patología;
  2. en otros la necesidad de cirugía puede se discutible;
  3. la mayoría de los casos se trata de patología menor que requiere cirugía ambulatoria y que no empeora por la demora: hernias no complicadas en personas que no realizan esfuerzos, gangliones, eventraciones, varices no complicadas, etc.,
  4. en otros, demasiados, aún tratándose de cirugía ambulatoria se acompaña de disminución de la calidad de vida, como las cataratas, que al afectar a ancianos adquiere una gran trascendencia en el desempeño de sus actividades vitales
  5. finalmente existen cada vez más pacientes que requieren prótesis articulares especialmente de caderas o rodillas por artrosis, que aún siendo enfermedad benigna repercute de gran manera en la calidad de vida de los pacientes añosos. Aunque no puede defenderse ni admitirse la existencia de esperas, creo que prioritariamente deben atenderse de acuerdo a los siguientes criterios:
    1. patología grave o susceptible de agravarse
    2. procesos que menoscaben la calidad de vida
    3. padecimientos estables
En todo caso debe existir un listado centralizado e informatizado con el tipo de patología y distintas listas de espera según los criterios señalados, con la certeza de la existencia de un control de los pacientes incluidos para detectar cualquier cambio en su situación que pueda modificar la prioridad previamente establecida, lo que, además, incrementa la confianza del paciente.

Existen, sin embargo, otras listas de espera que hasta bien poco no han sido adecuadamente consideradas: las de servicios médicos y las de pruebas diagnósticas. Según el Servicio Canario de la Salud existen 32469 personas en espera de consultas por servicios médicos especializados. Cuando se analizan los datos se observa que la cuarta parte de la lista de espera médica depende de Alergia (8842), seguidas de Rehabilitación (4288), Dermatología (3671), Cardiología (2137), Neurología (2131) y Reumatología (2013), además de Pediatría (1971). Obviamente, la repercusión de la espera para el paciente puede ser totalmente diferente según se trate de uno u otro servicio especializado. En mi opinión, si se analizase caso por caso las listas podrían reducirse drásticamente, sin menoscabo de la calidad asistencial, si existiesen vías clínicas y protocolos bien diseñados y consensuados entre la Asistencia Primaria y la Especializada, en los que queden suficientemente explícitos los criterios de derivación. Creo que muchos de los pacientes incluidos en las listas, con la incertidumbre que puede ocasionarle la espera, podrían fácilmente ser atendidos por el Médico de Familia si se le capacita en determinadas patologías y se les proporciona el tiempo imprescindible para atender, educar y aconsejar al paciente. En un sistema bien engrasado los pacientes que se derivan a la Asistencia Especializada deben serlo por una patología o sospecha de patología concreta, compleja, grave o que precisa de medios que no están al alcance de la Asistencia Primaria. No entiendo que sean derivados tantos pacientes a varios de los servicios citados cuando lo son por patologías que sin duda puede ser resuelta en Primaria. Con ello no quiero culpar a los Médicos de Primaria que, en general, realizan una excelente labor con escasez de tiempo y medios considerables, sino que parece que el propio Sistema alimenta la situación e incluso los especialistas no depuran suficientemente las propuestas de consultas o pretenden en ocasiones especializar excesivamente lo que es más general por una visión hospitalocentrista de asistencia.

Finalmente, existe la lista de espera de pruebas diagnósticas que según el Servicio Canario de la Salud engloba a 33900 personas, aunque en este caso los datos son menos fiables, dado que figuran hospitales sin listas de espera para pruebas habituales como ecografía abdominal o ecocardiografía, lo cual obviamente no es cierto. Probablemente, si se depuraran las indicaciones concretas para la realización de muchas de estas pruebas nos encontraríamos con un porcentaje importante de solicitudes no justificadas, por lo que es imprescindible la existencia de criterios claros y consensuados sobre la utilidad, sensibilidad, especificidad y valor predictivo de las diferentes pruebas diagnósticas.

Para concluir, se observan que existen diferentes listas de espera, con repercusiones que pueden ser diferentes y que ameritan tratamientos diferenciados. Me parece, sin embargo, que produce más incertidumbre y desasosiego al paciente cuando no se dispone de un diagnóstico, como ocurren en muchas de las consultas “médicas” y en la demora de pruebas diagnósticas, que cuando se dispone del mismo y se está a la espera, sin peligro, de una intervención menor o de una segunda opinión más especializada. Lo ideal sería que no existiesen listas de espera, pero dado que van a seguir existiendo, debemos procurar que sean lo más corta y menos lesivas posibles.

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