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Nº25
Octubre 2005
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
Sanidad y Financiación: Sostenibilidad del Sistema Sanitario

José Enrique Hernández Rodríguez, Profesor Titular de Escuela.Dpto. Enfermería. Facultad de Ciencias de la Salud.

Desde que se instauró el sistema sanitario público, Sistema Nacional de Salud, y su desarrollo posterior, era de esperar que se acompañara de un déficit que toda prestación social implica. Por tanto, si partimos de esa premisa, significa que la gestión debe ser exquisita y precisa, para que ese déficit sea el mínimo posible o mejor, sea cero y se mantenga controlado el gasto. Los diferentes estudios sobre coste-beneficios que se realizan de los distintos programas, dentro de las prestaciones que el sistema nacional de salud aporta al conjunto de la ciudadanía, permiten la mejora diaria de la gestión. El problema se plantea cuando la gestión de los recursos sanitarios se plantea desde una perspectiva médica casi en exclusividad, sin tener en cuenta que dentro del sistema sanitario existen otras maneras y otros estamentos que son igualmente capaces de gestionar la prestación sanitaria a todos los niveles, como así queda demostrado en los diferentes estudios que al respecto se realizan. Uno de los grandes problemas que se plantean son las listas de espera y su gran dificultad de gestión, que como una bola de nieve rodando, cada vez es más grande. Y no sólo se trata de una cuestión de dinero, ni de grandes planes de choques dirigidos, puesto que por mucho dinero que se inyecte para ello, si la gestión sigue en las mismas manos, el problema, mucho me temo, seguirá igual. Las listas de espera han aumentado de tal manera que ha originado que los pacientes se agrupen en plataformas diversas para la defensa de sus intereses, como único elemento efectivo para que atiendan y resuelvan sus demandas. La concertación con centros y servicios privados sanitarios ha aumentado de manera progresiva al aumento de las listas de espera, como manera para disminuir el tamaño de esos listados, sin que, curiosamente, disminuyan las mismas. La lista de espera quirúrgica es enorme, ¿cómo no lo va a hacer si un quirófano con el mismo equipo humano, el mismo material y el mismo tipo de cirugía, de una especialidad determinada, durante la jornada normal de mañana (7 horas) sólo realizan unas pocas intervenciones(3-4) y en la jornada especial de tarde para reducción de listas de espera, en menos horas, se realizan el doble?. Y, ¿qué pasa con el personal de ese turno de tarde que acude a realizar su jornada laboral normal en una unidad de hospitalización de esa especialidad y que recibe seis o siete pacientes, recién intervenidos, para sus cuidados postquirúrgicos inmediatos, con todo lo que conlleva de carga de trabajo extra y que, desde luego, no han sido incentivados ni están incluidos dentro del programa especial de reducción de de listas de espera?. ¿Por qué no se permite una mayor autonomía a otros estamentos no médicos en la gestión de los recursos biosanitarios que se utilizan, así como en la distribución de los mismos, gestión de los tiempos y de las listas?. ¿Por qué no se potencian las actividades de salud comunitaria en la atención primaria, a través de los programas de educación para la salud (v.g. enfermería de enlace) que trabajan directamente con problemas de la comunidad que no se resuelven con medicación exclusivamente, y que sin duda repercutiría positivamente en un mejor control del gasto en fármacos? ¿Por qué es tan difícil mantener una asistencia hospitalaria a domicilio que permita una mayor descarga de los hospitales, cuando se ha podido demostrar su eficacia? ¿Porqué se ha permitido la práctica de las famosas “bonificaciones” u obsequios (en ocasiones escandalosos) a los profesionales sanitarios, por parte de las industrias farmacéuticas, por recetar sus productos unos más que otros?.

Y por último, ¿Porqué un gerente de un complejo hospitalario no es un profesional experto en gestión económica, un economista o similar, que constituya su staff o equipo de gestión con profesionales sanitarios de los diferentes estamentos, formados previamente en gestión y, sobre todo, no políticos, para gestionar dicho complejo?.

Es evidente que tiene que producirse un cambio de enfoque en la gestión mediante el control interno que ayude a canalizar y a potenciar las iniciativas de esos profesionales no médicos que facilitarían el que la financiación sanitaria sea sostenible, equitativa y solidaria, como así se recoge en el informe que la OCDE elaboró en 2004 titulado “Por un sistema sanitario eficaz: proyecto de salud de la OCDE-2004”.

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