Dr. Jorge Orós. Decano de la Facultad de Veterinaria ULPGC
Desde la Facultad de Veterinaria de nuestra Universidad observamos el proceso de construcción del Espacio Europeo de Educación Superior sobre las bases de la Declaración de Bolonia (1999), como una oportunidad histórica de reformar nuestras enseñanzas hacia la excelencia docente e investigadora.
La actitud con la que la que nuestra Facultad afronta este período de cambio es de ilusión responsable puesto que el plazo establecido en el proceso de Bolonia y fijado en 2010 nos va a convertir indudablemente en protagonistas y pioneros de una serie de cambios metodológicos que a nuestro juicio revolucionarán la forma de “hacer universidad”.
Es importante señalar que la titulación de Veterinaria ya está regulada a nivel europeo desde finales de los años 70 por dos directivas comunitarias (78/1026/CEE y 78/1027/CEE) que definen los contenidos mínimos a impartir en la titulación, regulan el reconocimiento de títulos y la libre circulación de los profesionales veterinarios entre los países europeos. Este hecho es importante para comprender cómo la reforma en los planes de estudio para la obtención del Título de Grado en Veterinaria se presume no tan drástica como la que posiblemente tendrán que acometer otras titulaciones no reguladas a nivel europeo hasta la fecha. La reciente publicación del Libro Blanco sobre el Título de Grado en Veterinaria por parte de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) fruto del trabajo realizado por la Conferencia de Decanos, así lo confirma.
A pesar del carácter no drástico de esta reforma sí existe el convencimiento en nuestra Facultad que debemos aprovechar esta oportunidad para mejorar sustancialmente y corregir las deficiencias detectadas en nuestro actual y reciente plan de estudios.
Sin duda nuestra mayor preocupación como docentes es el cambio metodológico que va a suponer la nueva filosofía educativa que impregna el proceso de construcción del EEES. Creo que el nivel de perfección de la nueva metodología educativa no se logrará de inmediato, y que posiblemente nos obligará a dar pasos en falso a modo de exploradores en territorio desconocido, pero la experiencia y la mirada puesta en nuestros estudiantes, la profesionalidad, y el compromiso tanto personal como de grupo, debe guiarnos en la consecución del objetivo.
Por otro lado, en cuanto a la búsqueda de un nivel de calidad satisfactorio que se menciona en los objetivos de la Declaración de Bolonia, es necesario indicar que ya existe desde 1987 un Sistema de Evaluación y Acreditación continuada establecido por la EAEVE (Asociación Europea de Establecimientos de Educación Veterinaria) en el que se exigen unos requisitos de calidad tanto de las enseñanzas como de las instalaciones e infraestructuras de las distintas Facultades de Veterinaria. Conocemos bien este tipo de visitas y evaluaciones, y podemos atestiguar que los requerimientos son elevados, pero al mismo tiempo constituyen el motor de mejora que dirige la mayoría de nuestras actuaciones. Es discutible el hecho que determinados estándares se corresponden a los seguidos por Facultades del norte de Europa, con una realidad social y profesional distinta que la de los países del sur de Europa, lo que dificulta que podamos igualarlos, pero es indudable la calidad de formación que atesoran dichos centros educativos particularmente en algunas áreas de la profesión veterinaria.
Finalmente no quisiera olvidarme de uno de los objetivos estratégicos establecidos en la Declaración de Bolonia: el incremento del empleo en la Unión Europea. Con respecto a nuestra titulación y realidad profesional, con actualmente 10.000 estudiantes de Veterinaria en España y 18.000 veterinarios españoles ejerciendo la profesión, la consecución de este objetivo se hace especialmente necesaria.