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Nº5
Diciembre 2003
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
LA INVESTIGACIÓN CON CÉLULAS MADRES: ENTRE EL SUEÑO DE LO POSIBLE Y EL LÍMITE DE LO DEBIDO

Carmen Delia Medina Castellano, Catedrática de Escuela Universitaria en Bioética y Legislación Sanitaria. Departamento de Enfermería de la ULPGC.

Investigar con células madre supone la posibilidad de generar un nuevo conocimiento, susceptible de aplicaciones terapéuticas, a partir del estudio científico de un determinado tipo de células.

Dicho así, la mayor parte de nosotros podríamos preguntarnos por qué ha despertado tanta polémica este tipo de investigación. De hecho, como señaló en su día el Comité Asesor de Ética en la Investigación Científica y Tecnológica, la investigación, como actividad genuinamente humana, representa un valor fundamental para la sociedad. No obstante, esta afirmación, que suscribo plenamente, no puede tener carácter absoluto, ya que “en la medida en que la ejecución de la ciencia se interpola con la acción del mundo, cae bajo el mismo predominio del derecho y la ley, la censura social y la aprobación o desaprobación moral, a la que está sometida toda acción exterior humana” 1.

Si aplicamos lo antedicho a la investigación con células troncales, resulta indiscutible esa interposición, y especialmente en una de las posibles líneas de trabajo. Como es sabido, este tipo de estudios se puede llevar a cabo con células procedentes de sujetos adultos, del cordón umbilical, de fetos abortados o de embriones.

En los tres primeros supuestos, no existen, en principio, mayores problemas éticos que el cumplimiento de las recomendaciones éticas generales que deben presidir toda investigación científica.

Ahora bien, otra cosa es el estudio de células troncales procedentes de embriones de hasta catorce días de desarrollo. En este supuesto, la obtención de las células pasa necesariamente por la destrucción del embrión. Es justamente aquí donde radica el núcleo del problema ético, y entramos en la pregunta clave: ¿es el embrión humano un “ser humano”, o, por el contrario, es sólo un conjunto de células sin más valor que el que tienen las células epiteliales que cada día perdemos?.

¿Qué consideraciones podemos hacer para tratar de encontrar una respuesta a esta cuestión?. Creo que existen dos niveles de análisis del tema. En el primer nivel debemos tratar de determinar qué es el embrión humano, y en el segundo cuál es su valor respecto al sujeto adulto.

En cuanto a la primera de las cuestiones, mucho es lo que se ha debatido acerca del estatuto del embrión, sin que hasta la fecha se haya dado una respuesta unívoca, por lo que no procede su reproducción ahora. Sin embargo, la siguiente reflexión puede ayudar a clarificar la consideración que debe dársele a dicho embrión: los embriones crioconservados sólo se diferencian de otros, procedentes de los mismos gametos masculinos y femeninos, que han sido transferidos al útero de una mujer, en que estos últimos consiguieron completar su desarrollo y convertirse en vida humana independiente.

Fue sólo el azar, en igualdad de condiciones, el que hizo que el embrión escogido para transferir fuera uno y no el otro. Esto, necesariamente, nos tiene que llevar a concluir que existe una igualdad radical entre el embrión que se transfiere y el que se congela.

Por ello, no es posible decir, sin más consideraciones que el eufemísticamente llamado preembrión no es más que un conglomerado de células. De hecho, el propio modo de designar a esta vida incipiente o temprana, revela la necesidad de eludir el componente ético: antes del embrión –que es un preembrión- sólo existen gametos, masculinos y femeninos, y de ellos no se obtienen células troncales.

Por todo ello, y coincidiendo con la opinión expresada por el Comité Asesor de Ética en la Investigación Científica y Tecnológica, no procede la creación de embriones humanos para obtener células troncales a partir de ellos, ya que “el embrión temprano tiene valor y merece especial respeto” 2.

Reconocida la condición humana del embrión en cada una de sus fases de desarrollo, el siguiente nivel de análisis ético podemos situarlo en el conflicto existente entre la vida humana dependiente y la independiente. En otras palabras, ¿qué vida vale más?; ¿la del que ya es, o la del que está por ser plenamente?.

El argumento más utilizado por los impulsores de la investigación con células troncales embrionarias es el beneficio que esta investigación “va” a tener para millones de enfermos diabéticos, de Parkinson, e incluso Alzheimer. Nunca antes como hasta ahora se ha buscado la legitimación social para el desarrollo de un área de investigación. Nunca antes como hasta ahora los científicos han vendido la piel del oso antes de matarlo. Y habría que preguntarse por qué.

En definitiva, la pregunta a la que hay que dar respuesta es si es éticamente aceptable la creación y/o uso, con su consiguiente destrucción, de miles de embriones humanos en aras a posibles beneficios futuros para la salud de personas que padecen graves enfermedades. Y aquí entramos en un viejo debate: ¿Tiene límites la ciencia?. ¿Todo lo que puede hacerse debe hacerse?. ¿Todo lo técnicamente posible es éticamente aceptable?. La pregunta queda abierta. Por mi parte, la respuesta es negativa: no a un beneficio a cualquier precio.



1 JONAS, H. Técnica, Medina y Ética. 1ª edic. Barcelona. Edit. Paidós, 1997. Pág. 67.
2Informe sobre la Investigación con células madre. Comité Asesor de Ética en la Investigación Científica y Tecnológica
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